La cuenta del sorteo

La regularidad aparece con muchísimos intentos, no con los suyos

Hay un enunciado que se cita mucho y se entiende poco: con suficientes repeticiones, la proporción de veces que ocurre un resultado se acerca a su probabilidad. Es cierto y está demostrado, pero cada palabra de ese enunciado importa. Habla de proporciones y no de cantidades; habla de suficientes repeticiones, que en un sorteo de números significa una cifra enorme; y no promete que ningún resultado atrasado vaya a ponerse al día. Entender bien la ley sirve para dos cosas opuestas y ambas útiles: explica por qué un operador puede planificar con tranquilidad lo que va a pagar a lo largo de los años, y explica por qué esa misma tranquilidad no está disponible para una persona que juega un puñado de veces al mes. La diferencia entre las dos situaciones no es de suerte ni de actitud: es de cantidad de intentos.

Pagar con

Lo que la ley promete y lo que no

Cuatro precisiones sobre un enunciado que suele repetirse recortado, y que recortado dice algo bastante distinto de lo que dice completo.

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Habla de proporciones, no de cantidades

Lo que se empareja con el paso de los intentos es el porcentaje de veces que aparece cada resultado. La diferencia en cantidad de apariciones entre uno y otro puede incluso agrandarse mientras el porcentaje se acerca, porque el total contra el que se compara crece más rápido que la brecha. Es contraintuitivo y es exactamente lo que dice el teorema.

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Suficientes intentos son muchísimos más de los que parece

La cantidad de repeticiones necesaria para que las proporciones se vean parejas crece con el número de resultados posibles. En un juego con decenas de bolas hacen falta muchísimos sorteos para que las frecuencias se emparejen a la vista, bastantes más de los que cualquier lotería lleva realizados en toda su historia.

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Quién está del lado de los muchos intentos

Quien vende millones de boletos observa el comportamiento promedio y puede planificar sobre él; quien compra un boleto observa un resultado individual, que es la unidad donde el promedio no dice nada. La misma ley que da previsibilidad a un lado se la niega al otro, y esa asimetría es estructural, no una picardía de nadie.

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Cuántos sorteos juega realmente una persona

Alguien que participa cada semana durante varias décadas acumula unos pocos miles de jugadas a lo largo de toda su vida. Frente al tamaño del catálogo de combinaciones de cualquier lotería de números, esa cantidad sigue siendo minúscula, así que su experiencia personal nunca llega a la zona donde la regularidad se hace visible.

Preguntas frecuentes

¿Entonces a la larga todos los números salen la misma cantidad de veces?

Sus proporciones tienden a parecerse, que no es lo mismo. La cantidad de apariciones puede seguir separada e incluso separarse más, mientras la diferencia se vuelve pequeña comparada con un total que crece. Ningún sorteo individual está obligado a corregir nada de lo que ocurrió antes.

¿Sirve la ley para decidir cuándo jugar?

No, porque no dice nada sobre el próximo intento: describe el comportamiento del conjunto cuando el conjunto es gigantesco. Cualquier consejo que la invoque para recomendar un momento o un número la está usando fuera del terreno donde el enunciado tiene validez.

¿Por qué el operador sí puede prever cuánto pagará?

Porque trabaja con una cantidad de jugadas lo bastante grande como para que el promedio sea una guía razonable, y además el reglamento define de antemano qué proporción de lo recaudado se destina a premios. Su previsibilidad viene de esas dos cosas juntas, no de conocer el resultado del sorteo.